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Al igual que pasa con los humanos, uno de los elementos que hacen la diferencia entre las marcas, es su personalidad. Es por eso que hoy en día el hablar de personalidad de marca desde la construcción y definición de la estrategia para la misma, es fundamental.

Si queremos conectar con nuestro público objetivo, debemos pensar que nuestra marca necesita tener rasgos que la hagan única y que esto sumado a su propuesta de valor y propósito, generen una idea poderosa que motive a las personas a tener una experiencia directa con la misma. Se dice que el término personalidad hace referencia a tener un conjunto de rasgos característicos que generan un diferencial.

Entendiendo que son asociaciones de naturaleza emocional que otorgamos a una compañía que ofrece x producto o servicio, empezamos a darle vida, valores y a otorgar atributos que enriquecen el imaginario y se ven materializadas en la identidad visual y verbal de nuestra marca. Gracias a esta herramienta nos alejamos del campo racional para cargar de significado nuestra construcción estratégica. Gracias a los arquetipos de Carl Jung, podemos definir unas características que armonicen con nuestra oferta y con lo que deseamos proyectar.

Gracias a esta herramienta nos alejamos del campo racional para cargar de significado nuestra construcción estratégica. Gracias a los arquetipos de Carl Jung, podemos definir unas características que armonicen con nuestra oferta y con lo que deseamos proyectar.

Carl Jung fue un psicólogo y psiquiatra suizo quien definió unos arquetipos de personalidad universales bajo los cuales las personas se comportan, es decir unos patrones definidos que guían y rigen a diferentes personajes en libros, películas o series. Se dice que están en el inconsciente colectivo y que se han ido heredando de generación en generación. Estos patrones o definiciones se han ido integrando a las metodologías para los procesos de creación o revitalización de marcas y han funcionado muy bien.

Arquetipos de personalidad según Carlo Jung:

  1. El inocente: optimista y soñador, con toques de ingenuidad.
  2. El hombre corriente: siempre dispuesto a ayudar, empático y sencillo.
  3. El explorador: libre, inquieto, curioso, siempre en movimiento.
  4. El sabio: cree en la importancia del conocimiento, en informar, en estar siempre analizando las cosas.
  5. El héroe: confía en sí mismo, valiente, competitivo, quiere lograr el éxito y ser un referente para los demás.
  6. El rebelde: radical, sigue sus propias reglas, es independiente, le gusta desafiar lo establecido.
  7. El mago: visionario, tiene una forma de ver la vida de una forma más mística, carismático e inspirador.
  8. El amante: apasionado, le encanta el placer, la belleza, explorar los sentidos.
  9. El bufón: fresco, cómico, divertido y despreocupado.
  10. El protector: cuida, es compasivo, solidario, está buscando que todos estén bien protegidos.
  11. El creador: es creativo, usa el poder de la imaginación, no tiene miedo al fracaso pues sabe que es la base de la innovación.
  12. El gobernante: liderazgo, poder, exclusividad y prestigio.

Todo se trata de crear un imaginario potente que motive a conectar a través de un producto o servicio para generar una experiencia y ganarse un espacio en la memoria de las personas. Entre más definidos sean los rasgos que definimos y se validen en el día a día, es decir, exista una coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, mayor recordación y posicionamiento tendrá la marca.

Estos arquetipos cuando empiezan a integrarse le otorgan a las marcas mayor campo de acción y de comunicación. ¡No se van a arrepentir!

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Autor: Alejandra Rincón

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